
Después de una votación en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, con 12 votos a favor, 2 en contra y una abstención, fue aprobada una resolución de esta instancia que determina una nueva ronda de sanciones económicas y militares contra Irán por su programa de enriquecimiento de uranio. Las Naciones Unidas pretenden de esta manera que Irán detenga el proceso de enriquecimiento de este mineral, debido al potencial riesgo que existe de que los fines civiles del programa nuclear iraní se desvíen hacia el desarrollo de armas nucleares.
A pesar de que el presidente iraní, Mahomoud Ahmadinejad, ha afirmado que la utilización de uranio en su país se realizaría con fines energéticos, sanitarios y de investigación en salud, aseguró que continuará con su programa de enriquecimiento de uranio, lo cual significa a su vez aumentar la capacidad tecnológica en cuanto al posible desarrollo de la bomba atómica. Esto ha generado un fuerte y acalorado debate en el escenario internacional. Brasil y Turquía, quienes llegaron a un acuerdo con Irán después de una serie de encuentros y negociaciones, se opusieron a la decisión del Consejo de Seguridad y votaron en contra de la resolución. Afirman que el acuerdo de no proliferación de armas nucleares le garantiza a ese país el derecho a desarrollar el programa nuclear, y por lo tanto plantean la posibilidad de llegar a acuerdos que permitan tener bajo vigilancia el material nuclear que se encuentra en manos del país árabe, sin obligarlo a detener su programa.
A pesar de que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, considera que la decisión es un triunfo en contra de Irán y una clara advertencia de que debe detenerse cuanto antes, queda la sensación de que esta supuesta victoria no significaría más que un pequeño paliativo, pues Irán sigue dispuesto a enriquecer el Uranio, e incluso amenaza constantemente con que en la medida en que se sigan imponiendo sanciones, menos probabilidades existirán de llegar a una negociación.
Si a esto se suma el desarrollo de un programa nuclear igualmente controvertido (aunque no tan atacado por las potencias occidentales) como el de Israel, y una fuerte enemistad entre el país judío y los Estados Árabes, entre los cuales Irán tiene un gran peso, tenemos una pequeña bomba de tiempo en una región bastante inestable y habituada al enfrentamiento bélico, como es Oriente Medio.
Irán ha sostenido en repetidas ocasiones que se debe atacar y expulsar a Israel del territorio que perteneciera anteriormente a Palestina, y cuenta con el respaldo de la Liga Árabe, compuesta por más de 20 Estados. Israel, además de la fuerte lucha que ha mantenido desde su fundación con los países árabes, y en especial con Palestina, ha tenido discusiones y enfrentamientos políticos con Irán. Y militarmente se encuentra respaldado por los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, y varias potencias occidentales. Es decir que un enfrentamiento de gran magnitud en esta región podría convertirse en un conflicto mayor. Esperemos que no suceda.
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