El des-orden internacional actual

El mundo no parece cercano a una era imperial, no parece estar encaminado hacia una época como aquellas en las que una gran potencia lograba imponer ante los ojos del mundo el orden de las cosas. El tan aclamado triunfo de la democracia se demuestra en las elecciones en Irak, con explosivos en la jornada electoral, o bien en Pakistán, allí a donde los Estados Unidos llevaron la democracia y los pakistaníes les devolvieron con lanzagranadas. Por el contrario, aquellas estructuras de poder que tan claras fueron en otro momento, hoy se observan desdibujadas y dispersas. El poder se dispersa en el orden internacional. Países que siempre estuvieron al margen del acontecer de la política internacional, se erigen hoy en día como grandes amenazas, como poderes alternativos, o como estrategas que habiendo usado su amplia capacidad económica, han ido entrando en los terrenos más amplios del poder político internacional.

Antes de este día nos hubiese parecido impensable que Irán pudiera poner en riesgo el orden político internacional, y pudiera determinar la agenda internacional de los Estados Unidos. Pero ya poco nos sorprende, después de haber visto en la televisión la guerra que estos mismos norteamericanos llevaron a Oriente, ya no luchando con el enemigo soviético, que tanto echan de menos para tener con quien armar pleitos y después tomar unos vinos, sino en contra de un enemigo más demoníaco y fantasmagórico: el terrorismo. Poca curiosidad nos causa cuando hemos visto que los Estados Unidos invadieron Afganistán y casi 10 años después siguen allí, sin mucho control sobre el orden público, sin derrotar a Al Qaeda, sin atrapar a su archienemigo Osama Bin Laden (que hace unos años era su principal aliado) pero con un gran control sobre la economía petrolera. Y menos que hayan ido a Irak a buscar esas armas químicas que tan grave amenaza representaban y que nunca aparecieron, pero que ahora no lo pueden abandonar por la supuesta inestabilidad política, que ellos no saben de donde salió. Ah, no, ya está claro, es el terrorismo. Poco nos sorprendería hoy en día que, de la mano de Israel, allí estuvieran nuevamente los marines norteamericanos en una misión con pocos resultados, invadiendo a Irán, a no ser que su civilizada y culta población se lo impida por lo altos que están los impuestos, que para algunos de ellos es el peor lado de la guerra.

Pero si no fuera el siglo XXI, nos parecería extraño ver a una Corea del Norte desafiando a los Estados Unidos con programas nucleares y desarrollo de misiles de largo alcance. Y mucho menos pensaríamos que Venezuela podría ser una amenaza, y que su armamento vendría de las fábricas que se construyen con base en el modo de producción capitalista ruso. Y no creeríamos que la Revolución Cubana esté de aniversario, celebrando su medio siglo, y con Fidel vivo.

No pensaríamos que China es una potencia económica, ni mucho menos estaríamos al tanto de su programa espacial. Tampoco nos imaginaríamos del poderío alcanzado por las empresas japonesas. No creeríamos que Brasil sea una de las economías más grandes del mundo, al mismo tiempo que es un gran productor, no solo de aviones, sino de armas. No pensaríamos que el mundo está pendiente de si un chino, llamado Hu Jintao, quiere o no devaluar el Yuan. Si fuera otro siglo estaríamos pendientes de lo que diga el César. Pero como no hay César, hemos de mirar hacia todos lados.

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