
El cierre de la cumbre del G20 (Grupo de los 20) ha dado al público unas declaraciones que a simple vista resultan bastante confusas. El objetivo de los países más ricos será el de reducir el gasto público y aumentar el recaudo e ingresos al erario público nacional, pero al mismo tiempo pretenden recuperarse de una fuerte crisis económica global y generar crecimiento económico. Lo que resulta claro para un análisis económico – político es precisamente que ambos objetivos son opuestos, y la consecución de uno afecta negativamente las posibilidades de lograr el otro.
Esto por una sencilla razón: el gasto público es uno de los principales motores del desarrollo y el crecimiento económico. Sin embargo, infla el presupuesto de los Estados obligandolos a recurrir constantemente al endeudamiento para financiar proyectos de desarrollo, lo que necesariamente afecta negativamente la inteción de reducir el déficit fiscal. Este déficit, la enorme diferencia que hay entre los gastos estatales y los ingresos y recaudos de recursos, normalmente, se financia recurriendo a préstamos de dinero. Los Estados se endeudan para tener recursos con que financiar proyectos de desarrollo que generen crecimiento económico, esperando que dicho crecimiento refleje un impacto positivo sobre los ingresos al largo plazo para pagar esa deuda.
¿Crecimiento económico y reducción del déficit fiscal?
Lo que intentamos plantear es que, esencialmente, para disminuir el déficit es necesario hacer una de las siguientes cosas, o ambas: disminuir gastos y aumentar ingresos. Disminuir gastos implica recortar presupuesto, y por lo tanto quitar recursos a las inversiones públicas, lo que impide el desarrollo de obras y proyectos para el desarrollo. Por su parte, aumentar los ingresos se hace, preferencialmente, cobrando más impuestos. Los impuestos desestimulan la actividad económica, y por lo tanto normalmente disminuyen los niveles de crecimiento económico. Sin embargo un Estado que controla su déficit se convierte en un lugar ‘confiable’ para la inversión y estable para el capital. Pero sobre todo, previene una nueva crisis financiera. Actualmente los Estados más ricos mantienen políticas de ayuda económica a los sistemas financieros que cuestan miles de millones, y que son financiadas a partir de los impuestos que cobran a sus ciudadanos.
Con esto podemos ver la contradicción entre ambos objetivos: generar crecimiento implica inversión, y eso se traduce en gastos. Recortar gastos hace más difícil generar crecimiento económico. Entonces, ¿cómo pretende conciliar esto el G20? En realidad el G20 está mucho más preocupado por el sistema financiero, que por cualquier otra cosa. En la cumbre que se realizará en Seul en noviembre los Estados del G20 deberán mostrar a los demás miembros las medidas que han tomado para reducir el déficit fiscal.
Así que lo que debemos esperar son medidas de austeridad: se recortarán gastos y se aumentarán impuestos por doquier, para tener un balance “favorable” a los ojos de la economía internacional a cualquier costo. Ni mucho menos debe esperarse una pronta recuperación de la economía, políticas de fomento al empleo, inversión social, vivienda y desarrollo. Lo que se logrará en el corto plazo en términos económicos será, muy seguramente, deficit recuperados y bonitas cifras para mostrar a los inversionistas, para que estos no se trasladen hacia economías emergentes que brindan hoy muchas más posibilidades para la inversión privada que la que pueden brindar economías como la europea o la norteamericana.
» Legalización de la marihuana en California | Estados Unidos
» Mineros chilenos rescatados demandan al Estado y a privados
» Bolivia tendría salida al mar de nuevo | Acuerdo con Perú
» Planta nuclear en Venezuela sería construida por Rusia
El gasto público en proyectos de desarrollo es escencial….pero el gasto SUNTUARIO de los parlamentarios y otros gobernantes puede obviarse y así no afectar el objetivo social.Se trata de hacer inversión social no personal……..